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Estamos tan acostumbrados a ver al perro como un miembro de la familia, que olvidamos sus limitaciones y habilidades caninas. Educar a un perro es enseñarles a dar rienda suelta a sus instintos naturales pero en el momento y lugar oportunos.

Son animales sociales y desean sentirse integrados en la estructura social del grupo y trabajar en equipo en una jauría. En un entorno natural, ningún cánido conseguiría sobrevivir mucho tiempo fuera del grupo, ya que es necesario cazar en equipo. La jaurias de cánidos salvajes están jerarquizadas y presididas por normas que establece quién tiene derecho a aparearse en la manada y quién se alimenta en primer lugar. Para evitar que el desafío de algún miembro sea sangriento, se pueden interpretar gestos con la cara y el cuerpo, como miradas intensas y fijas, gruñidos, etc.

Cuando un perro vive con nosotros en casa entiende que nosotros somos los jefes y que somos los que mandamos. Los perros aprenden muy rápido cuando quieren. Lo que un humano considera un castiigo puede parecerle un premio a un perro, si necesitan que les prestemos más atención, una regañina o un castigo físico puede parecerles un premio, ya que prefieren eso a que se les ignore.

Vamos a centrarnos en la solcialización de un perro desde la infancia. Desde el primer momento de su nacimiento, aunque no puedan vernos ni oirnos, debemos tocarlos con cuidado sin alejarlos de su madre, así se acostumbrarán a nuestro olor y caricias.

 

 

Una vez abran los ojos, deberemos hacer que su entorno sea más variado y complejo para que aprenda a enfrentarse al mayor número de cambios en el entorno doméstico. Acostumbrelé a todos los aparatos que usamos en casa, lavadora, lavavajillas, secador, segadora de césped, incluso la batidora. Reúna a amigos y deje a su perro que esté presente en estas reuniones para que se acostumbre al bullicio. Deje que oiga el timbre de la puerta, vea el movimiento de entrar y salir, y el portazo de la puerta.

El periodo más importante para socializar a un cachorro será entre la  cuarta y la octava semana. Está demostrado que los cachorros que no han tenido contacto con humanos en este periodo evitan el contacto con ellos, tienen miedo y puede ser imposible adiestrarlos sin ayuda. Antes de separarse de su madre tienen que estar acostumbrados a diferentes ruidos, olores, texturas, imagenes y voces en un entorno doméstico. El periodo de socialización deberá prolongarse hasta las doce semanas. A pesar de que no hayan completado su ciclo de vacunaciones y no puedan tener contacto con otros perros, deberá proporcionarles a los cachorros la mayor cantidad y variedad de experiencias posibles. Una solución es sacarles a la calle o al parque en brazos o llevarles a casa de amigos que tengan perros sociables y que estén vacunados perfectamente.

Aunque es el periodo en el que aprenden más, un perro no deja súbitamente de aprender a las doce semanas, de hecho algunos durante la adolescencia deben enfrentarse de nuevo al mundo, cuando los cambios hormonales empiezan a manifestarse.

Cuando pasee con él, intente mostrarle  personas con diferente indumentaria y aspecto con gafas, sombreros, bastones, muletas, cochecitos de bebé,  incluso a niños y adolescentes. Es bueno viajar para que se familiarice con los medios de transporte. Otros sonidos al que debe acostumbrarle es el de tractores, camiones, motos  y automóviles.  También tiene que ir acercándole poco a poco a la presencia de otros perros en distintos lugares. Si vive cerca de una zona rural puede enseñarle caballos, gatos, patos, vacas, ovejas, gallinas, etc.

El perro que está socializado, se relacionará con sus congéneres   libremente, pero siempre observando una serie de rituales, unas normas de conducta social destinadas a hacer posible que un perro se presente ante un desconocido y puedan entablar una relación amistosa. Para comunicarse con sus congéneres no hace falta que estén presentes, les bastará con marcar el territorio con orina. Estas señales olfativas están llenas de información sobre el sexo, su salud, estatus social e incluso su situación hormonal. Con el olfato pueden detectar incluso el miedo de otros animales, mediante las llamadas feromonas. Si están al alcance de la vista, en lugar de usar mensajes olfativos, usan el lenguaje de gestos. Si están sueltos y no se conocen, primero se muestran inmóviles, para después acercarse poco a poco dando una especie de rodeo, una vez cerca intentan olfatearse la cara y la cabeza y más tarde la zona genital. Después de esta presentación puede que uno se aleje y levante la pata para orinar, o bien ponerse a jugar agitando las patas delanteras en el aire, acostándose sobre las patas delanteras mientras las traseras quedan en posición normal o ladrando. Mientras juegan puede parecer que están peleando, pero es difícil que lleguen a desafiarse con verdadera hostilidad.

Cuando un perro está relajado y tranquilo, por norma general sus orejas estarán en la posición normal de cada raza, su cola colgará más bien baja y su cuerpo no parecera ni agachado ni estirado. Cuando un perro se siente seguro o autoritario, tratrará de parecer más corpulento y fuerte, mostrará la orejas erectas, la cabeza y el cuello estarán enderezados y el cuerpo levemente arqueado y preparado para atacar. La cola expresa muy bien su estado de ánimo y sus intenciones. Si la lleva alta, se sentirá seguro, excitado e incluso dominante, pero hay que tener en cuenta que hay razas en la que la llevan alta de forma permanente. Cuando la mueven de un lado a otro por lo general es signo de alegría o excitación. Una cola totalmente recta y vertical que se agita con movimientos cortos y rápidos puede indicar que el perro está mostrándose dominante, si la cola es baja y ondulada de forma lenta y cadenciosa, puede significar que el perro no está sintiéndose seguro. La cola por tanto refleja las emociones de un perro y si se le corta se priva al animal de esta capacidad, no debería cortarse nunca más que por motivos de salud.

No crea que su perro entiende cada una de las palaras que usted dice, lo que ocurre es que son inteligentes y consiguen entenderlo por los gestos que las acompañan, la entonación y un puñado de palabras clave. Un perro que observa sabe si estamos contentos, tristes, furiosos o cansados  cuando ve nuestras posturas y expresiones. Les basta con oir un sonido para volverse locos de alegría, porque asocian ese sonido a una experiencia gratificante.

Deje muy claro a su perro que está orgulloso de él por lo que ha hecho o que desaprueba su conducta. Acompañe todas sus órdenes con gestos, y demuestrelé que comportarse de una determinada manera tiene recompensa y repetirá la acción deseada para volver a obtenerlas. Una vez asociado un signo de desaprobación con la privación de la recompensa, bastará para interrumpir cualquier actitud no deseada sin necesidad de castigar, reñir o pegar al animal. Bajo ningún pretexto se debe utilizar el castigo físico al adiestrarlos. Si desea que colabore, motívelo con recompesas y felicítelo encarecidamente por sus éxitos.

Para mostrarle su desaprobación puede hacerlo con la voz, probando  a decir  " no-no" ,   haciendo sonar objetos o por señas extendiendo una mano abierta con la palma hacia abajo en dirección al perro.

Para hacer que venga cuando le llame, colóquese frente a él y llámelo en tono cariñoso acompañando la palabra " ven" con su nombre. Sostenga una porción de alimento con el brazo estirado y agítela lentamente mientras retrocede. Si no reacciona dé una palmada u otro ruido para llamar su atención. Si da un solo paso hacia usted, hágale oir el signo de aprobación elegido, un chasquido o un   sí" y dele su premio. Poco a poco vaya aumentando la distancia que debe recorrer para recibir su golosina.

 

 

Para que se siente, sostenta el alimento muy cerca del morro del perro. Mueva la mano hacia arriba y hacia atrás de forma que él tenga que mirar hacia arriba para seguir viéndola, para ello tendrán que agachar los cuartos traseros, si levanta las patas delanteras será porque la golosina está demasiado alta. Una vez los cuartos traseros estén en el suelo, indíquele  el signo de aprobación y entreguele su premio. Cuando el perro ya se siente fácilmente, puede empezar a decir " siéntate" justo cuando sus cuartos traseros estén a punto de tocar el suelo. Pídale que se siente antes de darle cualquier cosa que desee, pronto aprenderá este gesto para decir " por favor" y " gracias"

Si queremos que se tumbe, hay que colocar la golosina más alta que su morro, bajar la mano hasta el suelo justo entre sus patas delanteras. Cierre la mano ocultando la golosina, si el perro quiere cogerla tendrá que acercar la cabeza y el cuerpo al suelo. En cuanto toque con el pecho, apruebelo y entréguele la golosina. Poco a poco lo irá perfeccionando, y una vez se tienda en el suelo fácilmente incluya la orden " échate" .

Exíjale cada vez más, oblíguele a permanecer cada vez más tiempo sentado o echado antes de dar la señal de aprobación y darle la golosina. Incremente la distancia cuando reciba la orden de " ven" . Empieze a premiarle sólo cuando lo hace más rápido, bien con golosina o un juguete, así esperará a ver qué le ofrece la próxima vez.

 

 

 

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